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El Panteón y Cerro Quemado

El Panteón es una de las obras más antiguas del pueblo, y uno de los puntos de mayor interés. Ubicado en el predio conocido como Los Álamos, el Panteón fue construido por los franciscanos en 1775 y dedicado a San Francisco, pero con una sección dedicada a la Virgen de Guadalupe. Lo primero que se alcanza a ver, al llegar, es su arco de entrada y un camino rodeado de rocas y cruces, que en su atrio tiene tumbas de varios de los vecinos célebres y personajes importantes de la época minera. Al fondo sobresale la Capilla de Guadalupe construida, en 1770, con una sencilla fachada de arco de medio punto y torres de un solo cuerpo, con portada estilo barroco que en su interior de planta de cruz latina, luce paredes adornadas por bellas pinturas murales sobre diversos temas religiosos.

El Cerro Quemado es un ancestral sitio sagrado y de peregrinación Huichol. El recorrido puede hacerse a pie o en caballo por un camino que zigzaguea por pequeñas elevaciones libres de árboles que ofrecen extensas vistas, hasta llegar a un sendero empinado que lleva a la cima, donde encontramos varios símbolos y pequeños altares pétreos con ofrendas de listones, jícaras, velas y bordados.

Todos los años, los Wirrarikas, Wixáricas o Huicholes de Zacatecas, Jalisco y Nayarit hacen el viaje hasta este santuario en el área protegida de Wirikuta, para realizar ceremonias a sus dioses. Finalmente llegamos a la cumbre, y junto a nopales, arbustos y espigadas yucas, respiramos el aire fresco y admiramos la inmensidad de los paisajes que ofrece este místico Pueblo Mágico.

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Real de Catorce

Salatiel Barragán, 1 Enero 2014

El árido Altiplano potosino esconde, entre su aparente soledad, rincones insospechados. Así, encaramado a 2,750 metros sobre el nivel del mar al norte del estado de San Luis Potosí, se esconde Real de Catorce. Aquí, enclavado en el corazón de la Sierra de Catorce, nació con el nombre de “Real de Minas de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de Guadalupe de los Álamos de Catorce”, uno de los más grandes centros mineros de toda la región.

Real es una pequeña aldea minera que se forma originalmente en 1972. El 11 de agosto de 1777 recibe término de “Los Catorce”, y se funda un año después tras el descubrimiento de las más ricas minas en la región, y el auge que ocasiona la fiebre de la plata. Ahora conocido como Real de Catorce, su embrujante arquitectura, tradiciones y misticismo, le ganaron en el año 2011 ser nombrado uno de los primeros Pueblos Mágicos en nuestro país.

Aislado e inaccesible, carente de caminos y casi sin agua, Real de Catorce pasó por tiempos difíciles. Fue incendiado por grupos indígenas, abandonado, y repoblado. Para tener comunicación, el 2 de abril de 1901 se inauguró el túnel de Ogarrio, de 2,300 metros de longitud, hoy la principal vía de acceso al pueblo. Así, la vida transcurrió apacible mientras se extraía la riqueza de sus tierras; pero cuando las vetas casi se agotaron, la migración lo convirtió en un pueblo fantasma. No obstante, nunca quedó totalmente sólo, pues continuaron algunas actividades gracias al culto a San Francisco, donde los catorceños que se van, siempre regresan a venerar a San Francisco de Asís, denominado como el milagroso "Panchito" o “El Charrito”, ahora convertido en un importante Santuario regional hasta el que miles de creyentes peregrinan cada Octubre.

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Cerocahui

Cerocahui

Cerocahui es una población en la Barranca de Urique, un valle repleto de huertos de manzana. Se encuentra cerca de Bahuichivo, donde El Chepe, el centenario ferrocarril que cruza las Barrancas del Cobre, hace una parada diaria. El vino es parte fundamental de la historia y el encanto de la región. Este valle cuenta con un micro clima similar a las condiciones de primavera todo el año, ideal para el cultivo de la vid. Los tarahumaras de esta zona producen también manzanas en lo alto de las montañas del Cañón del Cobre en México. Las manzanas fueron introducidas por jesuitas, quienes las cultivaban en sus misiones para el consumo local y de los ranchos. Los monjes dejaron como herencia una amplia variedad de especies de manzana. Las manzanas Tarahumara tienen la característica de ser dulces, deliciosas y de incomparable calidad de exportación. El pastel de manzana horneado a la leña es un postre que se convirtió en un sello distintivo de Cerocahui gracias a los cocineros que incorporaron el trigo cultivado en la zona, la mantequilla, especias y las manzanas tarahumaras. El cultivo de la vid y sus bellos viñedos es uno de sus atractivos turísticos, al igual que el bellísimo Templo de la Misión de Cerocahui cuya construcción se remonta al siglo XIX, pero sin lugar a dudas el mirador del Cerro del Gallego muestra la imponente belleza de la Sierra Tarahumara, un deleite para los ojos de cualquier turista.

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Ciudad Cuauhtémoc

Uno de los atractivos de Ciudad Cuauhtémoc es el Museo Menonita. Los Menonita son una comunidad importante y con larga presencia en México. Los menonitas llegaron de Canadá a San Antonio de los Arenales, al norte de la ciudad de Chihuahua, en 1922. Realizaron el viaje en 36 carros de ferrocarril, cargando su equipaje, enseres, muebles y materiales para la construcción de una nueva vida. Los Menonitas son una comunidad reservada, con fuertes estructuras familiares y religiosas. Su cultura pone gran valor en la auto suficiencia, y esta filosofía de vida le ha valido para desarrollar asombrosas habilidades.

Su actividad fundamental es la agricultura. Los hombres cultivan principalmente maíz, frijol, cebada, centeno, trigo, sorgo, lino y avena; las mujeres y niños atienden a los animales de sus granjas. Crían el ganado en forma colectiva y destinan la producción lechera al consumo familiar y a la elaboración de quesos. Los visitantes quedan sorprendidos con la sencillez de sus comunidades, y la riqueza cultural y humana de estos hombres siempre vestidos con overol.

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Creel

Creel es considerada la capital de la Sierra Tarahumara. Es un lugar muy especial, donde es posible conocer de cerca las costumbres, tradiciones, forma de vestir, y gastronomía de los rarámuris. En Creel, inicia un viaje al encuentro con un pueblo que se resiste a la modernización y los cambios. En los alrededores de Creel pueden practicarse turismo de aventura en actividades como la escalada en roca, el ciclismo de montaña, caminatas, rappel, excursionismo y recorridos por las barrancas. Otros atractivos son la famosa piedra Elefante, nombrada así por su enorme parecido con el paquidermo, y los Valles Monjes y Ranas con caprichosas formas rocosas, y el hermoso lago de Arareco. Una monumental escultura de 8 metros de altura en piedra blanca, del Cristo Rey, vigila desde la cima de una colina cerca de Creel.

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Pueblos Mágicos en las Barrancas del Cobre

Las Barrancas del Cobre son un sistema de cañones que supera en dimensiones y profundidad al Cañón del Colorado en el norte de Arizona. Esta maravilla natural en la Sierra Tarahumara se encuentra al noroeste de Chihuahua y cuenta con una extensión de 60 mil km2.

Los invitamos a aventurarse y experimentar la mágia de la Sierra Tarahumara y Barrancas del Cobre a bordo del legendario Ferrocarril Chihuahua-Pacífico, mejor conocido como El Chepe. A través de un trayecto de más de 600 kilómetros, quedará deslumbrado con espectaculares paisajes.

Uno de los primeros destinos en esta ruta es el centenario Pueblo Mágico de Creel - fundado en una región habitada tradicionalmente por rarámuris - se encuentra a 143 kilómetros de Cuauhtémoc y 247 kilómetros de la Ciudad de Chihuahua. Este hermoso poblado se localiza a 2 mil 240 msnm y está rodeado por bosques de pinos y encinos.

Creel es considerado “Corazón del Mundo Rarámuri”. Entre otros atractivos sugerimos conocer la plaza y el monumento al gobernador Enrique C. Creel, la iglesia neogótica y el Museo de la Cultura Tarahumara, instalado en la antigua estación del ferrocarril, recinto que resguarda el acervo fotográfico de Gérard Tournebize y una importante colección de piezas de la zona arqueológica de Paquimé. Por último, tómese un tiempo para curiosear en las tiendas de artesanías del pueblo.

Recomendamos hospedarse en Creel, organizar su agenda y visitar las aguas termales en Recowata y realizar un recorrido en San Ignacio Arareko, típica comunidad rarámuri con una iglesia de piedra y magníficos escenarios naturales como los Valles de los Hongos, de las Ranas y de los Monjes. Además no deje de conocer la Misión y el Museo de Arte Sacro en Cusárare, una comunidad que se distingue por sus apacibles lagos de aguas cristalinas, cascadas con caídas de más de 30 metros de altura que en el verano se convierten en torrentes, arroyos y manantiales.

Dejamos atrás Creel y seguimos nuestro viaje por un camino sinuoso y accidentado hasta llegar a Batopilas, Pueblo Mágico en lo más hondo de la barranca del mismo nombre. Se encuentra a una altitud de 420 msnm, pero constituye una odisea descender desde la parte alta de la sierra - 2300 metros - para adentrarnos a una sorpresiva región tropical. Un territorio rico en historia y pródigo en belleza natural.

Batopilas cuenta con una gran biodiversidad en cuanto a flora y fauna, pues en una misma zona geográfica conviven especies que son particulares de zonas boscosas y templadas con otras típicas de lugares cálidos o subtropicales.

Batopilas tiene sus orígenes en el siglo XVIII y presume su pasado minero en haciendas y casonas. Seguro lo dejará fascinado la arquitectura de lugares como la hacienda de San Miguel, antigua propiedad del empresario estadounidense Alexander Robert Shepherd, llamado el Magnate de la Plata, la Misión de Santo Ángel Custodio de Satevó, también conocida como la Catedral Perdida y considerada el más hermoso monumento de la Sierra Tarahumara, la iglesia de la Virgen de El Carmen, la Casa Barffuson y la Casa de Manuel Gómez Morín, sin olvidar mencionar acueductos aún en uso, puentes, acequias y túneles. En los alrededores descubrirá antiguas minas abandonadas y sitios ideales para practicar deportes extremos como ciclismo de montaña, recorridos en cuatrimotores, vehículos 4x4 y camping en las orillas del Río Batopilas.

Continuamos nuestra aventura. Llegamos a Barranca de Urique, con miradores a 2 mil 400 metros de altura. Aquí descubrimos el pacífico poblado de Cerocahui, a unos 13 kilómetros de Bahuichivo, una de las estaciones de El Chepe.

Fundado en el siglo XVII, los misioneros jesuitas introdujeron en Cerocahui cepas francesas y españolas para el cultivo de la vid en la región. En los viñedos del Hotel Misión, a unos kilómetros de Bahuchivo, se utilizan varietales Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y Chardonnay con las que se producen anualmente entre 1200 y 2 mil botellas de vino. La cultura vitivinícola es parte fundamental de la historia y atractivo de esta región. No puede perderse la Fiesta de la Vendimia que se presenta a mediados del mes de octubre.

Además de los vinos, invitamos degustar la tarta de manzana del Hotel Misión, postre horneado a la leña y elaborado con trigo, mantequilla, especias y manzanas de los huertos tarahumaras. Las manzanas tarahumaras son muy apreciadas por su incomparable calidad y celestial dulzura.

Vecina al Hotel Misión se encuentra la Escuela Internado para las Niñas Tarahumaras, institución fundada por el sacerdote jesuita Andrés Lara en los años cuarenta del siglo pasado. El internado es administrado por tres o cuatro monjas del Sagrado Corazón que atienden con varias voluntarias y mucho cariño a casi un centenar de pequeñas. Las niñas tarahumaras reciben educación, techo y alimento. Resulta muy emotivo conocerlas, algunas de ellas viven a varios días de caminata por lo que les resulta difícil visitar a sus familias.

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Arribo del pelícano borregón en los santuarios de Michoacán

El pelícano blanco americano o borregón es originario de los lagos de Groenlandia, y de los territorios de Columbia Británica, Alberta, Manitoba y Ontario, en Canadá. Esta ave de plumaje blanco y negro puede llegar a pesar hasta 8 kilogramos, cuentan con un pico de hasta 50 centímetros y alcanzan una envergadura de más de dos metros. Todo un espectáculo el vuelo de miles de pelícanos en el cielo de Michoacán cuando, durante los meses de noviembre y diciembre, recorren una distancia de más de tres mil kilómetros, a una altura de casi cinco mil metros para anidar en las ciénagas de los lagos de Chapala, en Jalisco, Cuitzeo y la Isla de Petatán en Cojumatlán, en el estado de Michoacán.
Los pelícanos permanecen en estos santuarios mexicanos durante el invierno, y regresan al norte en los meses la primavera. La llegada de los pelícanos es motivo de celebraciones y festivales. Es común observarlos al atardecer, cuando se aproximan a la rivera para recibir alimento de los pescadores locales.

Las lacas de Pátzcuaro

VMM

La laca o maque es un terminado resplandeciente que se logra con la mezcla de aceites, chía, linaza, y de tierras de diversos colores. Se trata de un proceso largo y laborioso, tanto en la preparación del material como en la aplicación.
El trabajo de la laca es una técnica de decoración que tiene sus raíces en el México pre-Colombino, perfeccionada durante la Colonia. Fray Bernardino de Sahagún, autor de un número importante de obras consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo, describe las lacas en sus manuscritos, y refiere el uso que se les daba. El arte del lacado debió estar presente en todo el mundo pre-Colombino. Sin embargo, con el arribo de los conquistadores esta técnica se redujo paulatinamente hasta concentrarse en solo algunas regiones como Olinalá, Tamalacancingo y Acapetlahuaya, en Guerrero, Chiapa de Corzo, en Chiapas, Uruapan, Quiroga y Pátzcuaro, en Michoacán. En Pátzcuaro, el trabajo en laca es de una belleza extraordinaria. Durante el Virreinato, la ciudad de Pátzcuaro era una de las Reales Aduanas donde se revisaban los cargamentos de mercancías orientales que venían de las Filipinas y eran conducidas a Valladolid, hoy Morelia, por Camino de Herradura vía Zihuatanejo por los comerciantes michoacanos. Esto explica la influencia oriental en los trazos y en las decoraciones artesanales de las lacas de Pátzcuaro. Es importante destacar que si bien el laqueado de las piezas era realizado por maestros de Uruapan, el decorado final estaba a cargo de los artesanos de Pátzcuaro, quienes se caracterizaban por incluir perfilados en hojas de oro. Este estilo alcanzó su auge entre los siglos XVII y XVIII. Para el maque, los artesanos usan una tierra con altos contenidos minerales como el carbonato y el magnesio, extraída de Tócuaro.
Los maqueadores le llaman tierra blanca, y la calcinan y muelen en metate hasta obtener un polvo seco, blancuzco, y fino. A las tierras que utilizan para la elaboración de la masa del maque les llaman tepútzchuta. Estas tierras se emplean para la base del trabajo. también se utilizan otras de composición caliza para obtener pigmentos. Otro elemento utilizado para la elaboración del maque es el aceite, ya sea de origen animal, llamado aje, o de origen vegetal, chía y linaza. Estos aceites tienen la cualidad de cambiar de estado al oxidarse.
El aceite de aje, común en Pátzcuaro, se extrae de una especie de cochinilla, la que se hierve para obtener su grasa. Las sisas que los maqueadores usan en su trabajo son una mezcla de aje y chía llamada tzipiatz, y una mezcla de tierras, y aceites llamada tepútzchuta.
Para la elaboración de las lacas con perfilado de oro, antes debe seleccionarse la pieza de madera que bien puede ser una batea, una jícara o un guaje. La pieza se lija, pule y limpia con gasolina blanca y manganeso. Después, el artesano resana imperfecciones y aplica la sisa en el objeto para endurecerlo e impermeabilizarlo. Cubierta la pieza con sisa, el artesano perfila los diseños del decorado con una punta de acero. Con una navaja elimina la sisa de las partes que llevarán colores diferentes, repitiendo esto en la base del maque. Primero se aplican los colores más oscuros, sombras, después los más claros, luz.
Los artesanos dejan pasar entre tres y cinco días para aplicar cada color. Para el acabado se pule con una muñeca o trapo de algodón hasta dejar la superficie tersa y, en ocasiones, se agregan algunas gotas de aceite de chía.
Finalmente se aplican las hojas de oro, previamente cortadas.

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Una ciudad para contemplarse

Es fácil llegar a Pátzcuaro. Por carretera está a menos de una hora de distancia desde Morelia. Este destino colonial se distingue por sus monumentos barrocos, sus blancas casas de adobe, sus tejados rojos, fuentes, plazas y jardines.
Cuenta con hostales y hoteles cinco estrellas. Recomendamos el hotel Pueblo Mágico, instalado en un céntrico edificio colonial de cantera con habitaciones cómodas y un servicio discreto y esmerado. Para los madrugadores, algunos establecimientos alquilan bicicletas para conocer Pátzcuaro y comunidades vecinas.
Una excelente forma de iniciar el día es con un rico desayuno que incluya corundas, servidas con crema, salsa molcajeteada, y queso cotija; y los uchepos que son parecidos a tamales, elaborados con maíz tierno.

Un recorrido por esta bella ciudad puede comenzar en la Casa de los Once Patios. Antes conocida como Convento de Santa Catarina, fue construida en el mismo lugar donde se estableció el Hospital de Santa Marta, fundado por don Vasco de Quiroga. Este monumento del siglo XVIII se encuentra al sureste de la Plaza Don Vasco, y actualmente alberga numerosos talleres donde se pueden adquirir todo tipo de artesanías: coloridos textiles y huanengos de Zacán, rebozos de La Piedad, cerámica de Patamban, brillantes lacas de Pátzcuaro, tallas de maderas de Quiroga, cobre martillado de Santa Clara, y otras maravillas.

La Plaza don Vasco de Quiroga es uno de los espacios más hermosos no solo de Pátzcuaro, sino de todo México. Es un lugar rodeado por históricas casonas, portales y jardines. En el centro de la plaza, erigido en una fuente, encontramos un monumento dedicado a don Vasco de Quiroga, cuya obra evangelizadora y humanista influyó en los pueblos purépechas. En esta plaza se encuentran el Palacio de Huitziméngari, hijo del último gobernante purépecha, y la Mansión de los Condes de Menocal, monumento del siglo XVII, conocida como La Casa del Gigante.

Seguimos rumbo a la Basílica de la Salud. Este es el templo más importante de Pátzcuaro, y fue construido por don Vasco de Quiroga en el siglo XVI. En el interior apreciamos una imagen de caña de maíz de la patrona de la región, la Virgen de la Salud. Además es indispensable visitar el Templo del Sagrario, del siglo XVII, el Santuario de Guadalupe, del siglo XIX, el Templo del Humilladero y el Templo del Hospitalito, ambos del siglo XVI.

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El Lago de Pátzcuaro

El Lago de Pátzcuaro es uno de los principales atractivos naturales de Michoacán. En esta región se encuentran zonas arqueológicas, sitios históricos y culturales, así como ancestrales comunidades purépechas.

La rivera del lago está salpicada con poblaciones artesanales como Tzintzúntzan, Santa Clara del Cobre, Cuanajo, Tupátaro, Erongarícuaro y Quiroga. Otros sitios de interés para los visitantes incluyen las islas de Janitzio, La Pacanda, Yanuén, Tecuena, La Tecuenita, Jarácuaro, Urandén Morelos, y Urandén Morales.

Uno de los platillos típicos de los pueblos ribereños es el pescado blanco, pez de talla mediana, endémico del Lago de Pátzcuaro. Esta especie de pez representa una importante fuente de ingresos para la región. Sin embargo, su sobre explotación amenaza su sustentabilidad.

La pesca en el Lago de Pátzcuaro se realiza de a cuerdo a la costumbre tradicional, en cayucos y empleando redes en forma de alas de mariposa, llamadas guaromútacua. Algunos pescadores ahora también usan chinchorros y agalleras.

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Tlalpujahua, refugio en las montañas

Tlalpujahua se encuentra a menos de 30 kilómetros del Santuario de la Mariposa Monarca en Sierra Chincua, montañas cubiertas de pinos, oyameles, encinos, cedros y robles. Destino designado Pueblo Mágico en 2005. Sus artesanos se distinguen por su trabajo en el arte plumario, popotillo, cantera, cerámica, orfebrería y más recientemente por la elaboración de esferas navideñas de vidrio soplado con una producción de más de 30 millones de esferas al año.
De esta producción, 20 millones de esferas estás destinadas para la exportación.
Entre los atractivos de Tlalpujahua destacan el Convento del Carmen, templo del siglo XVII; la mina Dos Estrellas; la Presa Brocman; el Parque Nacional Rayón y el Santuario de la Mariposa Monarca en Sierra Chincua, donde se puede disfrutar de uno de los espectáculos naturales más bellos que ofrece México: el arribo de la Mariposa Monarca.

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Pátzcuaro, la puerta del cielo

Pátzcuaro se encuentra en la ribera del lago del mismo nombre, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Morelia.
Este destino fue distinguido como Pueblo Mágico en el año 2002. En esta región se localizan poblaciones artesanales como Tzintzuntzan, Santa Clara del Cobre, Cuanajo, Tupátaro, Erongarícuaro y Quiroga. Los pobladores elaboran piezas de alfarería, lacas trabajadas con la técnica del maque, textiles bordados y muebles únicos en los que se revela la singular creatividad ribereña.
Entre sus atractivos están la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, construida sobre un centro ceremonial prehispánico por don Vasco de Quiroga, donde reposan los restos del evangelizador; la Casa de los once patios, sitio en el que se puede admirar el trabajo de los artesanos y adquirir productos típicos; la Plaza Vasco de Quiroga, rodeada de palacios y casonas coloniales y la isla de Pátzcuaro, corazón de la zona lacustre, famosa mundialmente por la escultura monumental de Morelos y las festividades de Días de Muertos.
El pescado blanco, el churito, la olla podrida, los tamales de ceniza, zarzamora y acúmara son platillos típicos de la región.

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Cuitzeo, lugar de tinajas

Cuitzeo se encuentra a poco más de 30 kilómetros de la ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán. Denominado Pueblo Mágico en el año de 2006.
Entre sus atractivos se encuentran sus numerosos templos, destacando el Ex convento agustino de Santa María Magdalena, uno de los más representativos ejemplos de la arquitectura plateresca michoacana del siglo XVI. El lago de Cuitzeo, el segundo de mayor tamaño de nuestro país, es un espejo fértil de agua, donde los ribereños pescan charales y mojarras.
Es conocida la artesanía de la región elaborada con fibras vegetales como tapetes, cestos, petates y sombreros.
Su gastronomía es variada, los visitantes pueden degustar platillos típicos michoacanos: corundas, uchepos, nacatamales, mezquites con piloncillo, atole negro, calabaza dulce, entre otras delicias.

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Michoacán Mágico

Pueblos Mágicos es un programa de la Secretaría de Turismo, lanzado en el año 2001. El objetivo de esta iniciativa es promover destinos con atributos simbólicos, leyendas, trascendencia y magia cotidiana que se respira en cada uno de estos sitios.

La denominación de Pueblo mágico busca resaltar el valor turístico de las localidades, presentando una oferta innovadora y original, atendiendo a una demanda integral, la cual busca cultura, tradiciones, aventura y escenarios naturales.

Michoacán tiene de qué presumir, entre otros muchos atractivos cuenta con cuatro poblaciones consideradas dentro de la clasificación de Pueblos Mágicos: Cuitzeo, Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre y Tlalpujahua.

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El Cerro de los ídolos y las águilas

En el oeste del pueblo de Malinalco, en las agrestes faldas del Cerro de los ídolos, se encuentra la entrada del Cuauhtinchan. Para este asenso, sugerimos ropa y calzado adecuados, y contactar a los Vigías del Patrimonio Cultural de Malinalco, certificados por CONACULTA, grupo que preserva y promueve el patrimonio cultural de este destino.

Para llegar a la zona arqueológica, subimos por una escalinata de piedra con 400 escalones, elevándose hasta una altura de más 120 metros. Nos abrimos paso a través de la floresta jaspeada con los colores dorados y ocres del otoño. Escuchamos los sonidos de los insectos de montaña. Durante la travesía descubrimos un par de miradores que nos ofrecen una espectacular vista de Malinalco. Vamos llegando a la cima, súbitamente nos encontramos ante las monumentales estructuras talladas en piedra.

En el pasado, el Cuauhtinchan era una escuela militar, centro sagrado, atalaya y aduana comercial. Este complejo ceremonial se distingue por conservar una de las construcciones prehispánicas más importantes del mundo: un templo monolítico conocido como el Cuauhcalli, Casa de las Águilas.

El Cuauhtinchan, construido en 1501 por el gobernante mexica Ahuítzotl, servía como puesto de vigilancia, debido a su posición estratégica que permitía observar todos los caminos que unían a las diferentes poblaciones con Tenochtitlán, capital del Imperio Azteca. También funcionaba como centro de entrenamiento militar donde se formaban guerreros, en sus grandes explanadas los aspirantes practicaban combates y técnicas de guerra, mientras en otros recintos aprendían el arte de gobernar.

El Cuauhcalli es un templo trunco de trece escalones, enmarcados por dos alfardas de estilo mexica y techo de palma, el original estaba confeccionado con tallos de la flor de malimalli, nativa de la región. La fachada principal representa las fauces de una serpiente, custodiando la entrada dos esculturas, una simboliza un jaguar, antiguamente decorado con amarillo e incrustaciones de tezontle, y otra con la figura de una serpiente emplumada, y encima los restos de lo que fuera la representación de un guerrero. En el interior descubrimos cuatro asientos, uno con forma de águila en el centro y otros representando jaguares. Frente a estos se encuentra el cuauhxicalli, oquedad en la que se ofrecían presentes a Quetzalcóatl. En este recinto sagrado, eran preparados los guerreros en un ritual de iniciación. Frente al Cuauhcalli está una piedra gladiatoria, el Temalcatl, donde luchaban por su vida los guerreros capturados en batalla y el templo de Ometeótl.

Otra estructura importante es el Tzinacalli, espacio funerario, está dividido en dos habitaciones con techos muy altos. En la primera existía un mural prehispánico, descubierto en 1936. Esta obra representaba tres guerreros, dos de ellos caídos en batalla y uno más capturado por el enemigo. Desafortunadamente, debido a la humedad, no queda rastro del mural original. Esta cámara era usada con fines mortuorios. En la otra, encontramos una cavidad en el piso y dos bases de piedra, en este sitio acostumbraban incinerar una escultura de madera, que simbolizaba al guerrero muerto en batalla, adornada con los atavíos propios del rango.

Junto al Tzinacalli encontramos una construcción amplia, quizá utilizada como sala de guerra, debido a sus dimensiones y acústica, y observatorio astronómico, pues en el pasado contaba con dos techos separados que permitían la medición del tiempo y estaciones con el trayecto del sol en distintas temporadas del año. Terminamos nuestro recorrido. Iniciamos el descenso y nos parece escuchar el estruendo de las macanas con pedernales, empuñadas por los guerreros águila y jaguar, estrellándose contra los escudos adornados con plumas y piedras preciosas.

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Malinalco

Casa de los Guerreros

Ulises Guzmán Rosales, 1 Enero 2014

Malinalco, en las verdes serranías al sur del Estado de México, es un pintoresco poblado cubierto de flores. Es un punto de descanso para los peregrinos que visitan Chalma, santuario cercano a unos minutos de Malinalco. Es tradición degustar una exquisita sopa de hongos o una crujiente trucha frita, visitar sus capillas coloniales y caminar por sus calles empedradas. Pero Malinalco, Pueblo Mágico desde 2010, también ofrece vuelo en parapente, recorridos en cuatrimotores, senderismo, camping, aventura y ecoturismo. Además cuenta con una de las zonas arqueológicas más importantes de la región: Cuauhtinchan, atalaya y escuela militar mexica.

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La Ruta del Tequila… ¡y el Mariachi!

Este Mes Patrio, satisface tu anhelo de conocer una de las rutas más emblemáticas de nuestra mexicanidad, en un viaje a través del infinito paisaje agavero, litros y litros de nuestra bebida más icónica, y música de mariachi ilimitada.

La Ruta del Tequila es un recorrido para cualquier persona que desee conocer la esencia del alma mexicana y debe realizarse al menos una vez en la vida. El tren Tequila Express sólo tiene salidas los fines de semana y hay que estar en la estación a las 8:30 para cumplir con el registro, por lo que te sugerimos que te quedes el viernes por la noche en la Cuna del Mariachi: Tlaquepaque.

En Tlaquepaque, recorre el Andador Independencia, repleto de galerías de arte, artesanías, restaurantes de todo tipo y antiguas casonas coloniales. Visita El Parián, “La Cantina más grande del mundo”, donde podrás elegir una de sus 19 cantinas con ambiente tradicional y familiar que rodean un bello kiosco.

En El Parián disfrutarás todos los fines de semana de espectáculos folclóricos y música de mariachi a la hora de la comida, entre las 15:30 y 18:30, y en la cena, entre las 21:30 y las 23:30. También se puede solicitar el servicio de un mariachi para amenizar nuestra estancia. Nosotros comimos en Paco’s y todo estaba realmente delicioso. Prueba el exquisito pozole y tómate una cazuela con tequila.

Para bajar la comida, recorre el Jardín Hidalgo, la Presidencia Municipal, el Santuario de Nuestra Señora de la Soledad y el Templo de San Pedro Apóstol. Descansa en el bello hotel La Villa del Ensueño que se encuentra a sólo unas cuadras del Centro de Tlaquepaque.

El sábado aborda el Tequila Express, la cita es en la Antigua Estación de Tren de Guadalajara a las 8:30. Una vez en el tren podrás disfrutar de música de mariachi en vivo y del Tequila Herradura de manera ilimitada, pero te recomendamos que lo consumas con medida pues lo mejor está aún por venir.

El Tequila Express llega a Amatitán, donde se encuentra la Hacienda San José del Refugio, hogar del Tequila Herradura, destilería con una historia que inicia en 1870. Aquí descubrirás todo el proceso por el que debe pasar un agave para convertirse en tequila, visitarás la Antigua Fábrica, donde te maravillarás con los métodos que se utilizaban en la antigüedad para elaborar nuestra bebida nacional y, finalmente, degustarás platillos típicos mexicanos y un espectáculo folclórico.

Te recomendamos que en vez de regresar a Guadalajara en el Tequila Express, tomes un taxi en la estación de Amatitán que te lleve a Tequila, Pueblo Mágico y epicentro de esta ruta, que está a sólo diez minutos de ahí. Hospédate en el hermoso Hotel Los Abolengos, de fachada discreta pero interiores espectaculares. Disfruta de su alberca, spa, jacuzzi y amenidades de lujo. Por la noche, haz un recorrido por Tequila, cena unas Crepas Agaveras en La Tetera, con vista a la Plaza José Cuervo y Templo de Santiago Apóstol. También visita La Cofradía, un lugar con mucho encanto.

Para el domingo sugerimos el recorrido “El Jimador en los Campos de Agave”, de Mundo Cuervo, que te llevará al corazón del paisaje agavero, Patrimonio de la Humanidad desde el 2006, y te sorprenderás ante la habilidad de don Ismael, un jimador experto. Después, recorrerás la Hacienda La Rojeña de José Cuervo, fundada en 1795. Este tour también puede realizarse en el José Cuervo Express. Frente a La Rojeña, come en Fonda Cholula y no te pierdas la especialidad de la casa: Filete Todos Santos, bañado en salsa de agave, una delicia que no podrás probar en ningún otro sitio.

Con la tarde por delante, sigue gozando de Tequila: Visita el Museo Nacional del Tequila y el de los Abuelos de la Familia Sauza. Después toma el recorrido en tranvía que te llevará a las fábricas más icónicas de este destino. Termina tu viaje respirando el aroma del agave tostado que impregna cada calle de este emblemático lugar.

Si te interesa recorrer los ocho municipios que conforman la Ruta del Tequila, una excelente opción es México Tequila Tours, operadora que te lleva a cada uno de ellos, reserva al menos con una semana de anticipación. En estos poblados podrás seguir disfrutando del paisaje agavero, bellas haciendas tequileras, ciudades coloniales y atractivos únicos en su tipo como las minas de ópalo y obsidiana en Magadalena, o la zona arqueológica de Los Guachimontones en Teuchitlán.

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Cuetzalan

La lluvia es furiosa cuando cae sobre Cuetzalan. Las gotas - gruesas, duras, pesadas - se precipitan como gemas destellantes. El agua corre por las rústicas y empinadas calles y baja, violenta como cascada, sobre las escalinatas de piedra. A este espectáculo de la lluvia brava y repentina los pobladores le conocen como opanate. La torrencial interrupción invita a refugiarse en uno de los cafés del pueblo y contemplar el predecible descenso de la densa neblina proveniente de las montañas. Poco a poco la bruma va cubriendo primero la herrería del kiosco, los tejados y balcones de las casas y luego la torre del reloj. El cerrado cielo brumoso termina por hacer invisible el alto campanario de la parroquia de San Francisco que domina la plaza central del pueblo de Cuetzalan, hasta quedar todo bajo un manto gris de niebla y lluvia que guarda una atmósfera mágica.

Cuetzalan, atado de hermosas plumas granate

El pueblo de Cuetzalan, distinguido como Pueblo Mágico en el año 2002, se encuentra en la Sierra Norte del estado de Puebla, en el extremo sur de la Sierra Madre Oriental. Las elevaciones de este sistema montañoso alcanzan hasta los 2000 msnm. En la época prehispánica, la región formó parte del Totonacapan. Este legado se revela en la zona arqueológica de Yohualichan, explorada en los años veinte por el filósofo Vicente Lombardo Toledano y Alfonso Caso, descubridor de los tesoros de la Tumba 7 de Monte Albán en Oaxaca.

Yohualichan se encuentra a menos de 20 minutos de Cuetzalan. El nombre de este centro ceremonial totonaco, grupo indígena predomínate en este territorio y el norte de Veracruz, puede interpretarse como Casa de la Noche, fue construido alrededor del año 400 d.C. en una ladera. Dependiente de la ciudad de Tajín, capital del reino totonaco, Yohualichan pagaba un tributo a los mexicas del Imperio Azteca que consistía principalmente en plumas de aves, como el cuezali de plumaje cinabrio, muy parecido al quetzal con sus largas plumas verdes iridiscentes. Yohualichan comprende un juego de pelota y seis adoratorios con nichos, similares a los templos de Tajín. Los totonacos abandonaron este santuario hace unos 400 años.

Ciudad de café y orquídeas

La fecha coincide con la conquista de la zona de Cuetzalan, lugar de plumas carmines con vértices azules, por los Españoles en el siglo XVI. Durante el virreinato de la Nueva España, este pueblo se caracterizó por ser un importante centro económico y comercial. Aún se conservan costumbres indígenas como el uso del maxtahual, un tocado parecido a un turbante que ciñen las mujeres, y el quechquémitl o huipil, otra prenda práctica que cubre del frio y ayuda a cargar. Por otro lado, sobrevive el conocimiento y uso de la medicina tradicional y los habitantes de Cuetzalan siguen consultando a sus curanderos y hombres sabios sobre sus males.

La parroquia de San Francisco se construyó durante la dictadura de Porfirio Díaz, cuando inmigrantes de Italia y Francia se asentaron en esta región entre los siglos XVI y XVII influyendo la arquitectura y diseño del pueblo, como lo demuestra la parroquia, única por su luminosidad, ceras patronales e imágenes que portan orgullosas las vestimentas o elementos típicos de la región, o el actual Palacio Municipal, una copia del palacio de San Juan de Letrán en Roma, y el Santuario de Guadalupe o Los Jarritos, un templo idéntico a la catedral gótica de Lourdes en los Pirineos franceses.

El café arriba a Cuetzalan proveniente de Veracruz durante el siglo XIX. Los cafetales se dieron junto con orquídeas, bromelias y heliconas en el clima tropical húmedo y la altura de la montaña donde, junto con la prodiga tierra de la región, se dieron las condiciones ideales para un café de calidad gourmet. La importancia del café en la cultura de Cuetzalan se aprecia durante la Feria del Café y el Huipil, una fiesta que se celebra desde setenta años en Octubre.

Cuetzalan, además de ser un territorio propicio para el cultivo del café, se caracteriza por sus cascadas, manantiales y grutas. Existen más de 70 cascadas, entre las más importantes están las que se encuentran en San Andrés Tzicuilan, llamadas Las Brisas y El Salto, caídas de agua con más de 40 metros de altura; un gran número de pozas y manantiales sagrados, como el manantial conocido con el nombre de Tatiotxiualat, agua bendita por Dios, así como cerca de 10 kilómetros de galerías subterráneas. Grutas como Aventuras y Caracoles están abiertas al público para vivir la inusual experiencia que ofrece la espeleología. Cascadas, pozas y grutas se encuentran a no más de 15 minutos en vehículo de Cuetzalan.

No solo el agua abunda en Cuetzalan. En los bosques de niebla o mesófilos se refugian orquídeas como la Tempochocani, flor que llora junto al precipicio, de sublimes colores lilas y magentas, o la Coatzontecomaxochitl, flor cabeza de serpiente, forman parte de la singular naturaleza de este destino. Heliconias y bromelias florecen e inundan con sus tonalidades los parajes montañosos, rivalizando con los matices de cientos de mariposas. Otro de los habitantes de estos montes es la abeja melipona, endémica de Mesoamérica. Cuetzalan fue nombrado recientemente santuario de esta abeja, cuya conservación se realiza de forma artesanal.

Acompañado con un yolixpa de café o 13 hierbas, aguardiente tradicional, degustando un plato con acamayas, langosta de río, o una cecina ahumada con tlayoyos, especie de panecillos elaborados con masa de maíz, arvejón, hojas de aguacate y manteca de cerdo, se recupera el ánimo para seguir descubriendo los secretos ocultos bajo la bruma de esta ciudad, auténtico Pueblo Mágico de nuestro país.

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Bernal

No es común que llueva tanto y con tanta fuerza en San Sebastián de Bernal, un poblado en el municipio de Ezequiel Montes, famoso por sus casas vitivinícolas y minas de ópalos, en Querétaro. Con respecto al intenso aguacero, los bernalenses afirman con una pícara sonrisa que esto solo ocurre una vez al año. Las nubes ocultan la imponente peña, monolito pétreo, distintivo de Bernal. Nos albergamos en uno de los muchos restaurantes del pintoresco centro del pueblo. Disfrutamos de un café y esperamos que la lluvia amaine.

La Peña de Bernal

Bernal es reconocido principalmente por una elevación rocosa de origen volcánico: Peña de Bernal. Esta gigantesca roca vertical es considerada el tercer monolito más grande en el mundo, solo después del Peñón de Gibraltar y Pan de Azúcar. Peña de Bernal tiene una altitud de más de 2 mil msnm y se yergue 288 metros en el punto más bajo del pueblo. Al parecer se formó hace 10 millones de años debido a erupciones violentas. Los antiguos otomíes y chichimecas consideraban la peña como un guardián sagrado, protegiendo con su fuerza el lugar donde se reunían los dioses pretéritos. Incluso ahora, este sitio es venerado por chamanes y curanderos de la región.

La Peña de Bernal es centro de diferentes rituales, ceremonias y tradiciones. Como el ritual para celebrar el Equinoccio de Primavera, organizado por danzantes y concheros, quienes conservan costumbres ancestrales. Esta celebración convoca miles de personas, todas vestidas de blanco y con pañoletas rojas para darle la bienvenida al sol. Otra de las tradiciones en Peña de Bernal es la fiesta de la Santa Cruz, en los primeros días de mayo, durante esta festividad se forma una escalera humana que termina en la cima de la peña. Una cruz pasa entre los pobladores, hasta alcanzar el punto más alto y colocarla con devoción.

Bernal Pueblo Mágico

El pueblo de Bernal, fundado en 1647, recibió la distinción de Pueblo Mágico en 2005, debido a la belleza colonial de sus monumentos, colorido, leyendas y tradiciones. Entre sus edificios más representativos están El Castillo, uno de los más importantes, construcción virreinal que se distingue por su torre y el reloj alemán; la Capilla de las Ánimas, construida para honrar a las Ánimas del Purgatorio; la Capilla de la Santa Cruz, edificada entre los siglos XVIII y XIX; y el Templo de San Sebastián Mártir, del siglo XVIII.

Las casas de Bernal se caracterizan por sus colores y balcones floridos, y las calles por sus esbeltos faroles coloniales. Encontramos talleres de dulces, hornos para pan y telares artesanales donde se elaboran cobijas, sarapes multicolores, gabanes y mantas de lana. Un oficio centenario entre los pobladores de Bernal.

Una noche de leyenda en Bernal

Cesa la lluvia. Salimos de nuestro refugio en el centro de Bernal. Escuchamos un grito que nos convoca para presenciar un recorrido de leyenda. Se trata de una de las actrices que representan espectros errantes avecindados en el pueblo. Estas leyendas bernalenses tienen su origen en ritos y tradiciones prehispánicas, fusionadas con el catolicismo. Tradiciones vivas que se han mantenido y reinventado a lo largo de los siglos.

En calles y plazas, personajes con vestuario porfiristas, nos narran historias de tesoros perdidos, leyendas de cazadores de fantasmas y cuentos con diablos como protagonistas. En una atmósfera espectral, transcurre el espectáculo. Sentimos un frío escalofriante y se eriza la piel con cada relato.

La noche nos invita acompañarla. Es nuestra anfitriona y gruía. Percibimos los aromas nocturnos, los sonidos de la oscuridad. Llegamos a una de las fuentes donde el agua baila con los metales y cuerdas. Agua saltarina y luces se sincronizan para deleitar con su danza a los asistentes. Así es Bernal, un pueblo con magia y leyendas. Un destino asombroso, uno de los rincones más atractivos de nuestro México.

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Los Altos de Jalisco

Los Altos de Jalisco es una región de elevadas mesetas y planicies situada entre las montañas de Arandas y Tepatitlán. Esta tierra ha sido testigo y protagonista de la Guerra de Independencia de 1810, y la Guerra Cristera de 1926. Su inmortalidad en la cultura mexicana se la concede el ser la "cuna de la charrería", pero la región también es reconocida por sus monumentos arquitectónicos coloniales, sus coloridos textiles, su afamada confitería, especialmente el dulce de leche, sus deslumbrantes mujeres con ojos de sol, y su tequila, néctar ardiente de agave. En esta ocasión visitamos dos de sus mejores destinos: Lagos de Moreno, y San Juan de los Lagos.

Lagos de Moreno, un Pueblo Mágico como Patrimonio de la Humanidad

Lagos de Moreno celebra su cumpleaños el próximo 31 de marzo. La ciudad cumple 450 años desde que fue fundada bajo una ordenanza de la Real Audiencia de la Nueva Galicia, motivada por su importancia en el trayecto del Camino Real de la Plata. La calidad y belleza en la arquitectura colonial de sus plazas, templos, parroquias y haciendas motivaron su designación como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En 2012, Lagos de Moreno consiguió el galardón de Pueblo Mágico.

La mayoría de los monumentos de Lagos de Moreno con reminiscencias del barroco y neoclásico, fueron construidos entre los siglos XVII y XIX. Entre muchos que destacan, la Rinconada la Merced, la Parroquia de la Luz, El Calvario, la Rinconada Capuchinas, la Parroquia de la Asunción, y el teatro "José Rosas Moreno", uno de los más antiguos y mejor conservados edificios del estilo neoclásico afrancesado en México, valen una visita.

Las haciendas de Lagos de Moreno son famosas por mantener su estructura y conservar la decoración original de estas históricas casonas. Un buen ejemplo es la Hacienda la Labor con más de 450 años, en la cual nace la charrería mexicana, y que hoy es famosa por la crianza de caballos cuarto de milla. Otras haciendas son ahora exclusivos hoteles boutique, como Hacienda Sepúlveda y la preciosa finca La Casa de Teté. Estas haciendas ofrecen a sus huéspedes paseos a caballo, ciclismo de montaña, "camping", caminatas, y recorridos por minas.

La presa Sauceda debe su nombre a una hacienda que ahora descansa en el fondo de sus aguas. Debajo de la transparencia de sus aguas cristalinas se observa un desierto subacuático con decenas de troncos y ramas de mezquites que integran un paisaje caprichoso.

La noche en la ciudad de Lagos de Moreno cobra vida con tranquilos paseos en bicicleta, recorriendo sus jardines y plazas. En los bares se disfruta de un ambiente cálido, alegre, como si uno estuviera en casa.

San Juan de los Lagos y la Gran Señora

A 30 minutos de Lagos de Moreno se encuentra San Juan de los Lagos, bautizado así por los misioneros franciscanos que evangelizaron esta región en el siglo XVI, donde según leyenda una pequeña trapecista murió durante un peligroso acto circense cuando saltó sobre una cama cubierta con afiladas cuchillas. Antes del funeral, una indígena encargada de cuidar la capilla del pueblo, conmovida por el dolor de los padres de la acróbata, les presentó una imagen de la Gran Señora Cihuapilli, asegurándoles que esa advocación era muy milagrosa y que pidieran por la resurrección de la niña. Los padres colocaron la imagen de la Gran Señora sobre el pecho de su hija, y en ese momento la niña milagrosamente resucitó.

Este suceso convirtió a San Juan de los Lagos en el segundo destino más importante de peregrinación en México, en especial el día 2 de febrero, fecha de la fiesta grande de la Virgen de la Candelaria. Se estima que cada año más de 8 millones de personas visitan la Catedral Basílica, Santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos, construida con cantera y esbeltas torres barrocas, y decorada con vitrales, óleos, murales, y retablos del siglo XVIII.

Los sitios más frecuentados por los visitantes son el Pocito, donde se encuentra la Capilla del Primer Milagro, La Capilla del Calvario, El Templo de la Tercera Orden, La Parroquia de San Juan Bautista, El Templo de las Cinco Llagas y la Explanada Papal Juan Pablo II donde el Santo Padre celebró la eucaristía el 8 de mayo de 1990.

Los primeros levantamientos del conflicto entre la Iglesia Católica en México y el gobierno del general Plutarco Elías Calles estallaron en San Juan de los Lagos. En respuesta a la represión del gobierno sobre sus creencias, un grupo de campesinos se manifestó portando en sus sombreros la imagen de la Virgen Guadalupana, y empuñando estandartes con la leyenda Viva Cristo Rey. La manifestación fue sofocada con lujo de violencia por soldados federales, quienes con su emboscada y agresión detonaron la llamada Guerra Cristera.

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Bacalar, Quinta Roo

Este poblado de origen maya es conocido por su laguna de siete colores, un lugar de descanso, hamacas y palapas rodeado de místicas selvas, pero también de adrenalina con sus deportes acuáticos. Durante cientos de años ha sido el territorio de viajeros y buscadores de tesoros. Venir a Bacalar es adentrarse en una historia de aventuras y conservación del medio ambiente que muestra sus paisajes. 
La visita comienza en el Fuerte de San Felipe, una imponente fortaleza construida en el siglo XVI por órdenes de don Antonio de Figueroa y Silva, para proteger a la población de los frecuentes ataques piratas. El fuerte se ha conservado de manera impecable. Se pueden ver cañones antiguos en su interior y, si uno se asoma sobre los baluartes, verá la laguna en su esplendor. 


Adentro está el Museo de la Piratería, un espacio modesto pero elegante. De manera entretenida presenta la historia del fuerte, desde los mayas y la Guerra de Castas, hasta nuestros días. Se pueden apreciar espadas, fusiles y hasta brújulas. 
En frente del fuerte está la plaza principal. En el pueblo todavía hay varias casas de madera a dos aguas, como en los viejos tiempos, pintadas con colores brillantes hechos pastel por el sol caribeño en un ambiente encantador. 
Detrás de una ceiba gigantesca se encuentra la Parroquia de San Joaquín, el patrón del pueblo. La fiesta de San Joaquín es el 21 de julio, pero empieza nueve días antes con los gremios: un día los carpinteros, otro los panaderos, incluso mucha gente de Belice viene, ya que la fiesta es muy antigua. El 21 se saca al santo por el pueblo y luego se le da la vuelta por la laguna. 



Es recomendable visitar la cafetería Laguna Bacalar, donde se come un delicioso y nutritivo plato de rice and beans, un clásico de la región, acompañado de plátanos fritos. Otras opciones son Los Chayoteros de Orizaba o el Café Bacalar, ambos con vista al parque central. 
En el hotel boutique Los Aluxes se puede desayunar un exquisito tamal torteado, un licuado de piña con pitahaya y un cafecito en el muelle de madera con vista a la laguna. De ahí se puede visitar Biomaya, un parque de tirolesas para toda la familia, la más larga te hace sobrevolar 800 metros sobre una selva frondosa y exuberante, la más alta te hace sentir vértigo desde 30 metros de altura, pero la más espectacular es la última, justo sobre el agua cristalina de la laguna. 
Desde el Club de Vela Bacalar se puede tomar un catamarán que lo llevará hasta un barco abandonado que fué locación de la película Bacalar. Ahí uno puede aventurarse a nadar en las aguas cristalinas. 
Los camarones fritos con aceite de oliva, chile habanero y ajo son espectaculares en la palapa del Mulato de Bacalar. Aquí la vista de la laguna es inmejorable, puedes distinguir los muelles a lo largo de la orilla. Este lugar es perfecto para recargar pilas, olvidarte del mundo y escribir tu libro. 
La Casa Internacional del Escritor parece salida de un libro del realismo mágico: tiene el objetivo de albergar a escritores, poetas y creadores artísticos, nacionales e internacionales, para llevar a cabo la producción, difusión e investigación de diversos campos de la cultura. Sus instalaciones cuentan con cinco búngalos, con capacidad total para cuarenta personas. 


Si se te antoja una buena pizza puedes ir a La Palapa, donde venden pastas, comida vegetariana y postres caseros, y tiene una sección de artesanías locales. La opción vegetariana es el Restaurante Gaia, pero para terminar más tarde ve a La Escondida, donde además de cenar puedes entrarle a un partido de dominó. 
El mercado José María Morelos es el mejor lugar para encontrar frutas, verduras y comidas locales. También encontrarás el X-pelón, un frijol verde con el que se prepara el vaporcito de frijol y el frijol nuevo de puerco. 
En Bacalar hay influencia de la cocina yucateca, por ejemplo el sotobichay, que es un tamal con chaya; y en los días de Todos los Santos se prepara el pibipollo. 

En la entrada al Cenote Azul hay una tienda de artesanías que incluye tallados en piedra y madera, bordados, huipiles, figuras de carrizo y hamacas. Busca artesanías de madera de ciricote, tradicional de Bacalar. El cenote es prácticamente un lago de cristal, cuenta con un restaurante y un mirador donde se puede ver el paisaje de la laguna. Antes de nadar hay que pedir permiso a los aluxes, duendes del agua, para poder entrar. También se puede pedir un deseo. 

Imperdible: 

  • Desayunar en el mercado José María Morelos y Pavón.
  • Tomar un paseo en lancha por la laguna de los siete colores.
  • Ir al Museo de la Piratería: espadas, telescopios, bitácoras y rutas de los auténticos piratas del Caribe.
  • Disfrutar el interior de la Parroquia de San Joaquín, donde se encuentra la figura del mismo santo que, según registros, existía incluso antes de la famosa Guerra de Castas.



  • Cómo Llegar: 
    Desde Chetumal, tomar la autopista 307 rumbo a Cancún. 

    Festividades: 

  • La Feria de Bacalar, en Semana Santa.
  • Las Fiestas del patrono San Joaquín, el 21 de julio.
  • El campeonato nacional e internacional de motonáutica, en agosto.


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