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Veracruz

Veracruz condensa en su cultura los orígenes del mundo mexicano, en donde la fusión entre los pueblos nativos y los venidos de los barcos coloniales dieron nacimiento a una cultura multifacética. Fue en Veracruz donde todo empezó alguna vez, hace mucho tiempo atrás.

Voladores De Papantla / Tajin / Piramides De Veracruz, Totonacas y toltecas, Olmecas y Huastecos entre otros pueblos, habitaron la región y en todo el territorio se encuentran las huellas de sus civilizaciones. Los centros arqueológicos de El Tajín, Cempoala, Quiahuiztlán, con antiguos enclaves de la civilización totonaca en donde las piezas arqueológicas halladas en la zona, ponen en evidencia la diversidad de sus manifestaciones culturales. Los Olmeca, la principal y más antigua civilización mesoamericana, habitaron San Lorenzo de Tenochtitlán en donde se exhiben numerosas piezas arqueológicas, Mexicas y Huastecos hicieron de Teayo un centro religioso y ceremonial, tal cual lo atestigua la pirámide central del pueblo.

La Antigua / Veracruz / Hernán Cortés, La Antigua, la ciudad que jugó un papel importante en el tráfico comercial del virreinato de la Nueva España y la metrópoli de 28 kilómetros de Veracruz es un sitio apacible en donde pueden visitarse ruinas que corresponden a los asentamientos de la columna militar de Hernán Cortés, cuando luego de tomar la población de Cempoala, aprestó sus hombres para lanzarse sobre Tenochtitlán, la fabulosa ciudad gobernada por Moctezuma.
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San Luis Potosí

Su espectacular belleza y tradición te dejarán cautivado

En la ciudad de San Luis Potosí se aprecia el Arte Santuario: cristos de caoba; Talabartería; huaraches miniatura; textiles, cobijas de lana, juguetería, muñecas huastecas y carritos de madera; lapidaría; broqueles, dijes y anillos.
Buena parte de la fama de Santa María del Río se debe a los rebozos que aquí se elaboran y de los objetos de madera taraceada, además de la fabricación de objetos de ixtle.
Por ello, es conveniente visitar el centro de artesanías local, en él se puede apreciar la manufactura de rebozos de seda, algodón y artisela.
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Michoacan

La llegada de los españoles en 1521, y la conquista del territorio ocupado por los purépecha, vinieron a dar al traste con su organización política y social. De manera brutal fue puesta en marcha la dominación española. Una nueva sociedad mestiza surgió lentamente a lo largo de tres siglos de colonización, floreciendo una “cultura particular y diversa, michoacana y mexicana”. Hubo, por tanto, grandes cambios en la sociedad tanto de la ciudad como del campo, sobre todo en las costumbres y en la vida cotidiana; también en la economía y en la política.
Los españoles impusieron su fe católica, pero al mismo tiempo influyeron en el hacer y quehacer de los pueblos indígenas que retomaron su vocación artística prehispánica, y se revelaron grandes artistas y constructores, y como poseedores de una honda sensibilidad para el trabajo manual.
Hoy podemos admirar grandes y suntuosos edificios civiles y religiosos de magnífica arquitectura, tanto en Morelia como en distintos rumbos del estado. El sincretismo en el que confluyeron la cultura purépecha, evocadora de su origen prehispánico, y la cultura española de raigambre europea, dio paso a una diversidad cultural en donde destaca con gran mérito el arte popular de Michoacán.

En el último tercio del siglo XVIII y en los albores del XIX, se prefiguraron importantes “procesos de resistencia o de cambio”, hasta hacerse palpables los “actos de rechazo que pusieron fin a la dominación española”, entre 1810 y 1821, abriendo un camino lleno de contradicciones y de penalidades que condujo finalmente a Michoacán y al resto del país a la vida nacional (5). No debemos dejar de mencionar que los michoacanos tuvieron un papel relevante en la configuración del proceso independentista. Michoacán fue el centro de la Independencia mexicana.
La rebelión independentista de Miguel Hidalgo y Costilla, y su continuación por parte del “Siervo de la Nación”, arrastró como un solo hombre a miles que se hicieron eco del pensamiento de sus libertadores, que quedó plasmado magistralmente en la Constitución de Apatzingán, jurada solemnemente el 22 de octubre de 1814, e inspirada en los “Sentimientos de la Nación” de José María Morelos, y también en las constituciones hechas por los revolucionarios franceses y en la Constitución de Cádiz de 1812.
El espíritu de dicha Carta Magna fue del tenor siguiente: “La soberanía reside originariamente en el pueblo y es por su naturaleza imprescriptible e inajenable”. Hidalgo, Morelos, y otros tantos independentistas no vivieron para ver consumada la Independencia el 27 de septiembre de 1821, lograda mediante el Plan de Iguala, orquestado por Agustín de Iturbide, criollo vallisoletano, y con el concurso de los viejos insurgentes a cuya cabeza estaba el valiente Vicente Guerrero.
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Guanajuato

Es una antigua ciudad minera, que nace en una cañada, como capricho argentífero de las entrañas de su tierra, ciudad íntima y monumental historia viva donde presente y pasado son armonía; misterio y belleza que encantan.

Caminar en Guanajuato es un placer, en el recorrido de sus calles, percibimos la ciudad a un tiempo desde todos sus ángulos. Gracias a las bondades de la minería su arquitectura es exhuberante. En esta ciudad dejaron huella, infinidad de artistas y artesanos para sublimarse en ejemplos que la convierten hoy en un de los tesoros más preciados.
La ciudad de Guanajuato debe su fundación a los Reales de Minas del siglo XVI, que más tarde en el siglo XVIII, la convirtieron en el centro minero más importante de la Nueva España. En razón de su belleza y trayectoria histórica fue declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad; se localiza a veinte minutos del Aeropuerto Internacional del Bajio (BJX) y a tres horas de la Ciudad de México o Guadalajara. Asentada en una cañada, su traza irregular obedece a los cerros que la rodean. Sus edificaciones neoclásicas abren espacios a plazas y templos barrocos. Un antiguo río subterráneo ahora calle, atraviesa entre bóvedas y arcos a la ciudad, integrado al espacio vial los valores arquitectónicos de una "ciudad escondida" que se abre a la vista con el atractivo de ser única en el mundo. En el mismo sentido, la mirada se deleita con el trazo caprichoso de sus callejones.

La Alhóndiga de Granaditas recinto donde se libró la primera batalla por la Independencia, abre ahora sus puertas al visitante como Museo Regional de Historia. A caminar y admirar llama su céntrica Plaza de la Paz donde se aprecian numerosas fachadas de soberbios edificios. La componen la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, el Palacio de Gobierno Municipal, la Casa del Conde Rul , el Palacio Legislativo. Constituye un punto de los más antiguos de la ciudad.
Procedido por bellísimos balcones, a unos pasos de la Plaza de la Paz se descubre el sitio más visitado de la ciudad: el Jardín de la Unión. En este punto de reunión de la gente local y del visitante para admirar el magnífico cielo de Guanajuato, distinguir el monumento al Pípila sobre el Cerro de San Miguel y, ya instalados en la terraza de alguno de los típicos cafés y restaurantes, apreciar, entre el bullicio de la gente y el canto de las Estudiantinas enlistándose para recorrer los callejones con su alegre música, el conjunto monumental del Teatro Juárez y el Templo barroco de San Diego de Alcalá son dignos de admirar. En la periferia del casco de la ciudad, la Hacienda de San Gabriel de Barrera y el Mineral de Valenciana son testimonios de la legendaria abundancia de plata guanajuatense. Antiguos objetos de arte, magníficos retablos dorados y el majestuoso Templo de San Cayetano (Valenciana) certifican la impresionante riqueza extraída de sus minas en el siglo XVIII.
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Taxco

Don José de la Borda, de origen francés y radicado en Taxco, mandó construir la Catedral de Santa Prisca como una forma de agradecer a Dios la fortuna que había logrado con la explotación de la plata. Durante una crisis económica De la Borda vendió el templo a la Catedral Metropolitana.
La catedral de Santa Prisca se empezó a construir en 1748 y se concluyó el 3 de septiembre de 1758. Fue consagrado el 11 y 12 de mayo de 1759 por don Manuel Antonio Rojo de Lubián y Vieyra, delegado del arzobispo de México.
Se tiene conocimiento de que el artífice de esta magna obra arquitectónica fue don Cayetano de Zigüenza, según dato que obra en el General de la Nación.

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Querétaro

Tercera ciudad virreinal de la Nueva España en el siglo XVIII que guarda uno de lo pasajes más trascendentes en la historia de México.

Querétaro fue fundada en el año de 1531, convirtiéndose en poco tiempo en la tercera cuidad virreinal de la Nueva España en el siglo XVIII.
La entidad se encuentra dividida en 18 municipios. La magnífica situación geográfica con que cuenta Querétaro, propició que fuera escenario de acontecimientos históricos que han sido trascendentales para México.
Diviértete en sus bellos balnearios, goza de su arquitectura y museos como el De la Muerte, único en su género en San Juan del Río; sórprendete con La Peña de Bernal, el tercer monolito más grande del mundo; en fin, tantas cosas hay para disfrutar que seguramente querrás regresar una y otra vez.
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Tlaxcala

Justo en el centro de México, a sólo 1 hora y media del Distrito Federal, a 40 minutos de Puebla y a 3 horas del Puerto de Veracruz y la Ciudad de Pachuca Hidalgo. Se encuentra Tlaxcala.
Diminuta en su extensión pero enorme por sus atributos. Tlaxcala es la capital del estado del mismo nombre, por cierto el más pequeño de la República Mexicana.
Se trata de una ciudad en la que a cada paso se percibe el cuidado, tanto de sus autoridades como de sus habitantes, por conservar la armonía del entorno: calles impecables, relucientes monumentos coloniales y una atmósfera de luminosa tranquilidad provinciana.
Tlaxcala es considerada cuna de la nación y el Mestizaje debido al cúmulo histórico y cultural que desde la época colonial se plasmó en sus más preciadas edificaciones como es el Centro histórico de la ciudad, la Basílica y Santuario de nuestra señora de Ocotán.
Tlaxcala además es un centro arqueológico por excelencia, ahí es dónde se asentaron los antepasados más antiguos de México; De tal manera que en Tlaxcala convergen dos épocas de México: Prehispánica y Colonial.
Muchas razones más existen para conocer Tlaxcala, déjate atrapar por su magia y forma parte de las tradiciones que definen la identidad de los mexicanos.
Al estar en Tlaxcala podrás saborear deliciosos platillos, celebrar la fiesta brava, refrescarte en algún balneario o recorrer los alrededores que son un mosaico ecológico y místico que por su incomparable belleza te dejaran asombrado y harán una experiencia única tu estancia en este lugar.
Bajo un cielo azul intenso, Tlaxcala, la primera ciudad del interior de Nueva España (fundada entre 1522 y 1525) es un remanso de paz que nos lleva de la mano hasta el siglo xvi, cuando Bernal Díaz del Castillo escribía: “Tlaxcala es grande y hermosa y en ella viven los nobles que vinieron de España a la conquista de México”
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San Cristóbal de las Casas

Por sus adoquinadas y apacibles calles, se descubren monumentos religiosos con influencia de arte virreinal mexicano y del centroamericano, lo que le da un peculiar carácter fronterizo ¡Conócelo!
San Cristóbal de Las Casas es una de las ciudades coloniales más bellas de México. Por sus adoquinadas y apacibles calles flanqueadas por casas de grandes alerones de teja roja, con patios llenos de flores, se descubren monumentos religiosos con influencia de arte virreinal mexicano y del centroamericano, lo que le da un peculiar carácter fronterizo.
Destacan sus plazuelas y edificios de los siglos XVI y XIX de estilos plateresco, barroco y neoclásico.
Indígenas de pueblos aledaños llegan a ofrecer en los bulliciosos mercados de la ciudad, textiles, cerámica, frutas y hortalizas. San Cristóbal de Las Casas es además, la base para visitar comunidades mayas cercanas.
Tan sólo 83 km de sinuoso camino separan a Tuxtla Gutiérrez de San Cristóbal de Las Casas. Este corto recorrido supone un desnivel de más de 1500 m, lo que implica pasar de las selvas caducas a los pinares, del calor al frío. Sin duda San Cristóbal es el corazón de Los Altos y vale la pena conocerlo.
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Mérida

La ciudad lleva el sobrenombre de Ciudad Blanca debido a que, durante la época colonial, era un reducto de población europea en medio de una gran mayoría indígena. De igual forma, durante gran parte del siglo XIX, los principales edificios de la ciudad estaban pintados con cal blanca que armonizaba con el traje regional de los indígenas mayas yucatecos, que también es blanco. Mérida fue bautizada con ese nombre por los primeros españoles que provenían de Extremadura, donde se encuentra la Mérida española, quienes hallaron similitudes entre las ruinas mayas de la maya T'ho y las romanas de la extremeña Mérida.
La ciudad cuenta con numerosas galerías de arte y museos. Una de sus avenidas principales, el Paseo de Montejo, cuenta con exhibiciones permanentes de escultores locales y del mundo entero. Mérida fue la Capital Americana de la Cultura durante el año 2000.
Mérida y el estado de Yucatán se encuentran de alguna manera aislados del resto del México, y esto se refleja en muchos aspectos. Buena parte de los habitantes de Yucatán son descendientes de los antiguos mayas, lo que se manifiesta en la cultura cotidiana, en la forma de hablar y de vestir. Esta es especialmente evidente en las celebraciones tradicionales como el Hanal Pixán (comida de las almas), que se lleva a cabo en el [Día de Muertos]] del resto de México.Por desgracia como en tantos países el tiempo no pasa sin dejar su marca y la vestimenta que hace apenas unas décadas era muy común ver hoy en día se ha perdido poco a poco, como es uso de la vestimenta tradicional, y las tendencias extranjeras que cada ves mas se sienten en el entorno de la ciudad.
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Guadalajara

Después de cuatro intentos para fundar un convento de capuchinas en Guadalajara, por fin se expide un decreto el 10 de junio de 1761, en el cual se les otorgaban a las religiosas la Real Licencia para la fundación.
Como ya se tenía el dinero suficiente para costear los gastos de la construcción todo siguió viento en popa y el dos de diciembre llegaron a esta ciudad las monjas que integrarían al grupo fundador del convento, provenientes de la población de Lagos. Una vez que las religiosas tomaron posesión del nuevo convento se hizo la declaratoria de la clausura canóniga, que siguió así por un siglo, pero por circunstancias políticas ocasionadas por las guerras de ese tiempo, las monjas fueron arrojadas de su amado convento.
En aquella época el convento abarcaba toda la manzana y según cronistas de ese tiempo nos narran que: "Esta construido este monasterio e el cuartel quinto de esta ciudad y ocupa la manzana 27, comprendida entre las calles de Capuchinas al frente; la de Independencia al lado derecho; la cerrada de Jesús María a la espalda; y la de don Juan Manuel Caballero al lado norte izquierdo".
El padre Gutiérrez Alemán nos cuenta que: "El convento que ahora por las leyes antirreligiosas de exclaustración ocupan las oficinas del Cuartel General y Cuarta zona Militar, y varias casas particulares construidas por adjudicatarios".
Cuando fueron desalojadas las monjas de su convento en 1850, la finca llegó a manos del gobierno y adquirió la huerta del convento el señor Enrique Maxemín en el año de 1877 y comienza la edificación del terreno; se hizo una casa de traza colonial, la cual primero fue particular, después casa colectiva donde vivieron varias familias, luego un centro artesanal, le siguió ahora como casa de fiestas y eventos; hace varios años sirvió para albergar al Centro Regional de Occidente, el cual les rentaba la casa al Centro Regional al señor García de Alba. Pasó el tiempo y la casa quedó en completo abandonó por uno o dos años, hasta que el ayuntamiento de Guadalajara por medio de don Gabriel Covarrubias Ibarra adquirió la finca con vistas de construir un museo como regalo de cumpleaños para la ciudad que cumplía sus 450 años de vida.
Así que se pusieron manos a la obra y se remodeló esta hermosa casa bajo la batuta del arquitecto Ignacio Vázquez Ceseña; nueve meses duró dicha remodelación y año y medio le preparación del museo. Para la creación de éste se formaron los equipos de historiadores, antropológos, urbanistas, restauradores, especialistas en plástica, etc.; hay que hacer notar que el 95 por ciento de las piezas, pertenecen a colecciones particulares y el cinco por ciento restante fueron adquiridas por el mismo ayuntamiento.
Esta joya cultural contiene ocho salas museográficas, las cuales exponen la historia y el acontecer de Guadalajara en sus 450 años de existencia y se presenta además en un desarrollo cronológico, desde el siglo XVI hasta el siglo XX. Este bello museo tiene dos caracteristícas principales: 1.- Su desarrollo cronológico,. en el cual uno sale con una idea clara y concisa de lo que fue y es Guadalajara, cubriendo todas sus áreas. 2.- Que es eminentemente didáctico. En este recinto histórico uno puede admirar desde una lámpara al estilo art nouveau, fotografías nuevas y antiguas muy interesantes y hasta herrería del silo XVI. Inaugurado el 14 de febrero de 1992 y se localiza en la calle Independencia No. 484.
El Patio de los Angeles
La iglesia de San Sebastián de Analco es una de las más antiguas de esta ciudad, ya que la primera referencia histórica en que se nombra, data de 1560: "El 10 de diciembre de 1560 se notaba inusitado movimiento en la ciudad de Guadalajara de Indias, perteneciente al Reino de Nueva Galicia.

La multitud se encaminaba con premura al oeste de la población, dejando a su derecha la Ermita de San Sebastián, para ir al encuentro de los oidores, alcaldes mayores que venían a instalar la Audiencia Real".
La construcción del templo era sencilla, de adobe, techo de zacate y tenía una imagen de San Sebastián Mártir, de la cual se dice que sudó sangre el Miércoles de Ceniza de 1609. En 1696, por instancias del obispo Juan de Santiago, se logró la autorización real para ampliar la ermita, trabajos que se llevaron a cabo el siguiente año; la ermita se agrandó hasta formar una nave central con dos capillas laterales que cruzan al centro.
En el templo actual está una placa conmemorativa que dice:
"AQUÍ ESTUVO LA ERMITA DE SAN SEBASTIÁN MÁRTIR HASTA LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVII EN QUE DIO PRINCIPIO LA CONSTRUCCIÓN ACTUAL",
Terminando el siglo pasado, se construyó la Casa de Ejercicios al costado oriente al templo, esta casa tenía dos departamentos, uno conocido como del Divino Salvador y el otro de San Felipe, tenía 16 celdas, refectorios y los servicios indispensables para las personas que hacían sus ejercicios espirituales por varios días. También se construyó un pequeño patio muy hermoso, circundado por una arquería barroca, la cual originalmente estuvo en el antiguo convento de Santa Mónica; esta arquería era popularmente conocida como "Patio de los Angeles", nombre que adquirió por una leyenda del siglo XVlll.
Cuentan que cuando se construía el templo y convento de Santa Mónica, un día de esos se presentó un grupo de jóvenes para ofrecer sus servicios en los trabajos de labrado de canteras y las monjas aceptaron el ofrecimiento; así que comenzaron a esculpir las columnas y los arcos del patio monacal, labraban con maestría y rapidez que hasta gusto daba verlos. Cuando la obra estuvo terminada se buscó a los jóvenes canteros para pagarles por su excelente trabajo, pero no fue posible encontrarlos por ningún lado, la gente no pudo dar noticias ni de su paradero ni de su procedencia; y lógicamente que las monjas le atribuyeron la construcción a los mismísimos ángeles, de aquí el nombre que ostenta hoy. Fray Luis de Palacio nos describe algo de como era este patio: "El patio del claustro principal, aunque de obra tosca y proporciones bastas, chaparronas, era bien proporcionado y hermoso por la exhuberancia del ornato lapídeo.
Le decían "el patio de los Angeles", porque al querer pagar a los operarios, ninguno apareció más... Los techos en la parte baja eran también bajos, pero magníficos, con la viguería montada en canecillos y solera con molduras; cuya parte baja era tristona y sombría. Hoy todo quedó asolado, para dar lugar al nuevo y moderno edificio del Seminario Conciliar. Los pilares y arcos historiados fueron a dar a San Sebastián de Analco, aunque ya no los montaron en forma de claustro, sino en partes, acá y acullá. El presbítero J. Jesús Jiménez nos dice que: "No era una construcción majestuosa, sino más bien basta y chaparra. El aspecto, por lo bajo de los techos, era sombrío.
Mas le daba hermosura al edificio, el claustro bajo, con su profusión de adornos en la cantería de los arcos, las columnas estriadas con hermosos capiteles corintios y la viguería del techo "montada en canecillo y solera con moldura". Se le llamaba a este conjunto Patio de los Angeles, no por lo hermoso y bien trazado, sino porque existió la tradición de que a los jóvenes que lo construyeron, al irles a pagar lo debido por su trabajo, encontraron que habían desaparecido. Estos arcos y columnas del claustro bajo, al derribarse totalmente el convento, se trasladaron a una dependencia de San Sebastián de Analco.
Cuando se clausura el convento de Santa Mónica, quedó abandonado por muchos años y la arquería estuvo a punto de quedar destruida, pero gracias a la intervención del sacerdote Salvador Morales, quien fue el constructor principal de la Casa de Ejercicios del templo de San Sebastián, la arquería y las columnas fueron desmontadas y las trasladaron a dicho templo donde fueron reinstaladas. Por varios años esta construcción, estaba mal utilizada y medio abandonada, este local fue destinado primeramente para sede del Museo de la Ciudad, pero este proyecto se vino abajo; un tiempo este patio sirvió de galería para exposiciones de artes plásticas y eventos culturales.
Después de muchas gestiones, esfuerzos y papeleos, el licenciado Alfonso de Alba quien fundó el Colegio de Jalisco, obtuvo el edificio para que ahí fuera la sede del colegio; lo restauró y respetó el bello Patio de los Angeles. Cuando las explosiones del 22 de abril de 1992 en el Sector Reforma, este patio se convirtió en uno de los albergues para los muchos damnificados. Por fortuna se ha revivido y conservado el viejo nombre de Patio de los Angeles, arcos y pilares de un viejo convento, que hoy contemplan la historia y la vida de la gente tapatía.
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Zacatecas

Los vocablos náhuatl zacatl, que significa “zacate” y “locativo” (lugar donde abunda el zacate), dan el nombre al Estado de Zacatecas y a su capital.
Sus orígenes se remontan a un 8 de septiembre de 1546, cuando un reducido grupo de españoles, descubren ricos yacimientos minerales. La naciente población, en un principio fue conocida como "Minas de los Zacatecas".
Zacatecas, es una de la ciudades históricas mexicanas mejor preservadas; siendo además poseedora de una de las más bellas muestras del exuberante barroco novohispano.
Un paseo por el centro histórico te ofrecerá la contemplación de una obra de arte en cada edificio, pero sobre todo, te deslumbrará la inigualable belleza que ofrece la gran fachada de la Catedral.
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San Miguel de Allende

San Miguel de Allende ofrece un México nostálgico de singular belleza y señorío, considerado como Monumento Nacional.
San Miguel de Allende, joya de la colonia fundada en 1542, está localizado a una hora de Guanajuato.
Ofrece un México nostálgico de singular belleza y señorío, considerado como Monumento Nacional. Una inteligente percepción de la calidad de vida han hecho que conserve su arquitectura, sus calles empedradas, sus tradiciones y cultura.
Atrás de las antiguas puertas aparecen hermosos patios coloniales de una amplia variedad de hoteles de gran turismo y restaurantes internacionales.
San Miguel de Allende es un refugio natural de talentosos artesanos y artistas nacionales e internacionales que se exhiben en numerosas galerías de arte.
En su plaza principal es digna la Parroquia de San Miguel Arcángel y a pocos pasos, el Centro Cultural El Nigromante, el Instituto Allende y el Templo de San Francisco. Se enriquece además con los Festivales de Música de Cámara y de Jazz o su acreditada Feria de la Lana y el Latón.
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Puebla

Puebla se llama el estado azteca que sigue abriendo sus puertas a la gran arquitectura conventual y catedralicia de lo que fue la Nueva España, entre usos y costumbres indígenas: totonacas, mixtecas, popolocos y otoníes. Por Puebla atiende también su capital, Puebla de Zaragoza y Puebla de los Ángeles. Un derroche de rincones coloniales que la envuelven en papel de regalo, a ojos del visitante. Un lugar perfecto para abrir boca, en el México profundo, considerando, por cierto, que su guacamole ha ganado fama gastronómica mundial... Dos horas de carretera separan Puebla ciudad del vertiginoso México DF. Suficientes para dar paso a una atmósfera provinciana de antiguo burgo, deudora del tiempo en que Europa exportaba ideas estéticas a las Américas, desembarcando en Veracruz. Aún pasean endomingadas las familias locales por el Zócalo, deteniéndose ante los mariachis, vendedores de globos o camote (banana) y limpiabotas. Se citan en esta plaza mayor porticada, con su enorme catedral sentando cátedra de basalto gris y renacentista. Hablamos de un edificio espectacular, flanqueado por las torres más altas del país (70 m.), cuyo interior neoclásico deja ver cuadros dieciochescos de Miguel Cabrera —el Miguel Ángel mexicano—, un órgano de 3.376 tubos y hasta 14 capillas, ninguna de todas formas como la del Rosario, en la cercana iglesia barroca de los dominicos.
Los casi dos millones de habitantes que tiene ya Puebla no han desnaturalizado su perfil. Tampoco la llegada de la factoría Volkswagen, para sustituir parcialmente sus fuentes de empleo textil y artesana. Ni los megacentros comerciales instalados por su extrarradio, en tanto se rehabilitaba turísticamente su centro histórico. Y, para comprobarlo, hay que remontar luego la calle comercial de San Martín, rumbo a la Iglesia de Sto. Domingo, con desviaciones al pasaje comercial del Ayuntamiento, la plaza Victoria o la plazuela de los Sapos, rastrillo en torno al cual se conservan las tres alturas con patio de la tradicional casa poblana. Buena muestra de ello son la espléndida biblioteca palafoxiana, así como el Edificio Arronte, hoy vicerrectorado universitario.
Mayor armonía entre paisaje y paisanaje seculares se observa, incluso, en el barrio del Alto, su primitivo asentamiento. Una zona colorista, al otro lado del río San Francisco, hoy desviado, con su Teatro Principal dieciochesco abriendo telones a la arquitectura añeja, su mercado Parián, más templos barrocos y casonas, a discreción. Es más, hasta en su prolongación, hacia el bulevar Héroes del 5 de Mayo, remozado de diseño vanguardista, se conservan la magia y maquillaje iniciales de Puebla.
Los españoles fundaron Puebla como la Ciudad de los Ángeles, en 1531, anticipando el callejero cuadrangular que luego haría famoso Manhattan... No es de extrañar, pues, que, a día de hoy, sus calles se ordenen según la orientación cardinal y respondan a numeraciones más que a nombres. En el número 1 de la 2 Norte, por ejemplo, se halla la casa de los Muñecos, hoy museo de la Universidad, dejando ver una fachada de azulejos esmaltados, prototípica de Puebla. Y, poco más allá, se erige la iglesia de los jesuitas, verdadero pastel de nata, en piedra labrada. Una iglesia en cuyo dispensario adquieren los indios agua bendita contra todo mal diabólico, no lejos de donde merodean los chicos de la última moda siniestro-dark: negro riguroso en la ropa, perilla y cruces invertidas... Una tribu urbana, que allí, la que dicen ciudad más segura de México, rivaliza estéticamente con rancheros, cholas (rapper-graffiteros), tigres de pantalón bombacho, pijo-fresa, skatos y rollers-patinadores, nacos nuevos ricos y étnicos danzantes.
Siglos atrás, también compitieron las construcciones de distintas órdenes eclesiásticas, cuando el arte de la Contrarreforma colonizó el Nuevo Mundo. Y, tal vez por ello, Puebla cuenta con no pocas iglesias tan vistosas como desproporcionadas. Es el caso de Sta. María de Tonantzintla, rica en estucos barroco-indigenistas, donde no faltan figuras angelicales en cada uno de sus rincones. Y la de San Francisco Acatepec, que exhibe una impresionante fachada de cerámica. Tlaxcala aporta su churrigueresca ermita de Ocotlán y un magnífico techo mudéjar, en su convento franciscano. Similar orden tiene fortaleza gótica en Huejotzingo.
Y la Historia se remonta más aún en Cacaxtla, merced a los frescos de su centro ceremonial prehispánico, recién descubierto. Claro que, para vestigios precolombinos, nada como Cholula, cuyos vecinos siguen llevando ofrendas a La Malincha, montaña con silueta femenina, que alegra su horizonte. En Cholula queda el palacete del extravagante astrólogo Diego Gaona (tiene 60 hijos y vive allí con 17 doncellas, águilas y coyotes), pero, además, la pirámide escalonada con mayor base del mundo. Un promontorio de actuales investigaciones arqueológicas, coronado por el Santuario de los Remedios. Desde el siglo XVI, supone allí la foto más impresionante de la comarca, con el volcán Popo, como telón de fondo, en días claros.
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Hidalgo

Estado donde se conserva el lujo de la bonanza inglesa de siglos pasados.

Hidalgo es un territorio poblado por gente que se caracteriza principalmente por su alegría y hospitalidad. Cuenta con una diversidad enorme de bellezas naturales y un acervo histórico y cultural milenario.
Aquí se conjuga todo lo necesario para realizar un gran viaje; desde pintorescos pueblos mineros que conservan el lujo de la bonanza inglesa de siglos pasados, haciendas pulqueras de los llanos de Apan; zonas arqueológicas llenas de historia y leyenda; majestuosos conventos del siglo XVI, testigos de la mezcla de dos culturas; y hermosos parques nacionales para disfrutar de la naturaleza.
Agustinos y franciscanos, principalmente, incursionaron al estado y crearon hermosos conventos que hoy son un gran atractivo turístico, pues son magníficas obras arquitectónicas que resguardan parte muy importante del arte colonial; como muebles, pinturas, murales y esculturas, muestra del talento y la capacidad indígena, así como de la influencia de ellos y del mestizaje en la vida de La Colonia.
Hidalgo siempre se ha reconocido por ser un estado con una gran cantidad de agua, por eso se construyeron varios acueductos que hasta la fecha lo atraviesan en algunas regiones, verdaderas joyas arquitectónicas, de impresionantes arcos y obras hidráulicas.
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El Fuerte

El poblado de El Fuerte se ubica a 85 km al noroeste de Los Mochis. Fue fundado por el capitán Francisco de Ibarra en 1564, y originalmente era conocido como el Fuerte de Montesclaros. Al recorrer la ciudad, el visitante puede apreciar un conjunto formado por casas con enrejados de hierro fundido, añejos portones y estrechas calles con construcciones del siglo XIX. El Fuerte conserva testimonios de su pasado colonial, entre los que se encuentran el Palacio Municipal, la Plazuela y su atractivo kiosco, la Casa de la Cultura y la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, construida en el siglo XVIII. El municipio de El Fuerte ofrece otras opciones al visitante, como los clubes cinegéticos para la práctica de la caza y pesca deportivas, pues en sus cercanías se encuentran dos grandes presas, la Miguel Hidalgo y Costilla y la Josefa Ortiz de Domínguez, que almacenan las aguas del río Fuerte, el más caudaloso del estado, y en el que se puede encontrar lobina negra. Entre noviembre y febrero se pueden ver miles de aves migratorias como pato, ganso y pichón azul. El Fuerte cuenta con todos los servicios; algunos edificios antiguos son actualmente cómodos establecimientos de hospedaje. En los restaurantes se ofrecen platillos preparados con langostino, lobina y paloma. En el mercado y otros comercios se pueden adquirir diversas artesanías como tejidos de palma, cestería, tejido de lana, y objetos de madera y cerámica.
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Aguascalientes

Turismo Colonial

Aguascalientes es considerado todo un tesoro colonial debido a los vestigios de su historia de más de cuatrocientos años.

Aguascalientes es uno de los Estados de la República Mexicana que ofrece al visitante grandes atractivos, tanto naturales como culturales. Su nombre simplemente lo debe a la abundancia de aguas termales existentes en la zona, que se combinan con el refrescante clima semiseco, cielo azul e inolvidables puestas de sol que se disfrutan casi todos los días del año.

Este territorio aún conserva vestigios de su historia de más de cuatrocientos años, por lo que es considerado todo un tesoro colonial. Es realmente un conjunto armónico conformado por lo antiguo y lo moderno que cautiva a todo aquel que lo visita.

Otros de sus rasgos son la amabilidad y hospitalidad de su gente que se enorgullece de su tierra y sus tradiciones. Es ideal para vacacionar todo el año y excelente en las dos últimas semanas del mes de abril o las primeras del mes de mayo, que es cuando se realiza la Feria Nacional de San Marcos.

La ciudad se llena de música, estalla la alegría y se vuelca por todos los rincones. La gran feria es el magno evento en el que se presentan exposiciones industriales y agrícolas, complementadas por exposiciones de arte, juegos mecánicos, conciertos musicales, charreadas, corridas de toros, casinos y mucha diversión para todas las edades.
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