El pelícano blanco americano o borregón es originario de los lagos de Groenlandia, y de los territorios de Columbia Británica, Alberta, Manitoba y Ontario, en Canadá. Esta ave de plumaje blanco y negro puede llegar a pesar hasta 8 kilogramos, cuentan con un pico de hasta 50 centímetros y alcanzan una envergadura de más de dos metros. Todo un espectáculo el vuelo de miles de pelícanos en el cielo de Michoacán cuando, durante los meses de noviembre y diciembre, recorren una distancia de más de tres mil kilómetros, a una altura de casi cinco mil metros para anidar en las ciénagas de los lagos de Chapala, en Jalisco, Cuitzeo y la Isla de Petatán en Cojumatlán, en el estado de Michoacán.
Los pelícanos permanecen en estos santuarios mexicanos durante el invierno, y regresan al norte en los meses la primavera. La llegada de los pelícanos es motivo de celebraciones y festivales. Es común observarlos al atardecer, cuando se aproximan a la rivera para recibir alimento de los pescadores locales.
Las lacas de Pátzcuaro
VMM
La laca o maque es un terminado resplandeciente que se logra con la mezcla de aceites, chía, linaza, y de tierras de diversos colores. Se trata de un proceso largo y laborioso, tanto en la preparación del material como en la aplicación.
El trabajo de la laca es una técnica de decoración que tiene sus raíces en el México pre-Colombino, perfeccionada durante la Colonia. Fray Bernardino de Sahagún, autor de un número importante de obras consideradas hoy entre los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo, describe las lacas en sus manuscritos, y refiere el uso que se les daba. El arte del lacado debió estar presente en todo el mundo pre-Colombino. Sin embargo, con el arribo de los conquistadores esta técnica se redujo paulatinamente hasta concentrarse en solo algunas regiones como Olinalá, Tamalacancingo y Acapetlahuaya, en Guerrero, Chiapa de Corzo, en Chiapas, Uruapan, Quiroga y Pátzcuaro, en Michoacán. En Pátzcuaro, el trabajo en laca es de una belleza extraordinaria. Durante el Virreinato, la ciudad de Pátzcuaro era una de las Reales Aduanas donde se revisaban los cargamentos de mercancías orientales que venían de las Filipinas y eran conducidas a Valladolid, hoy Morelia, por Camino de Herradura vía Zihuatanejo por los comerciantes michoacanos. Esto explica la influencia oriental en los trazos y en las decoraciones artesanales de las lacas de Pátzcuaro. Es importante destacar que si bien el laqueado de las piezas era realizado por maestros de Uruapan, el decorado final estaba a cargo de los artesanos de Pátzcuaro, quienes se caracterizaban por incluir perfilados en hojas de oro. Este estilo alcanzó su auge entre los siglos XVII y XVIII. Para el maque, los artesanos usan una tierra con altos contenidos minerales como el carbonato y el magnesio, extraída de Tócuaro.
Los maqueadores le llaman tierra blanca, y la calcinan y muelen en metate hasta obtener un polvo seco, blancuzco, y fino. A las tierras que utilizan para la elaboración de la masa del maque les llaman tepútzchuta. Estas tierras se emplean para la base del trabajo. también se utilizan otras de composición caliza para obtener pigmentos. Otro elemento utilizado para la elaboración del maque es el aceite, ya sea de origen animal, llamado aje, o de origen vegetal, chía y linaza. Estos aceites tienen la cualidad de cambiar de estado al oxidarse.
El aceite de aje, común en Pátzcuaro, se extrae de una especie de cochinilla, la que se hierve para obtener su grasa. Las sisas que los maqueadores usan en su trabajo son una mezcla de aje y chía llamada tzipiatz, y una mezcla de tierras, y aceites llamada tepútzchuta.
Para la elaboración de las lacas con perfilado de oro, antes debe seleccionarse la pieza de madera que bien puede ser una batea, una jícara o un guaje. La pieza se lija, pule y limpia con gasolina blanca y manganeso. Después, el artesano resana imperfecciones y aplica la sisa en el objeto para endurecerlo e impermeabilizarlo. Cubierta la pieza con sisa, el artesano perfila los diseños del decorado con una punta de acero. Con una navaja elimina la sisa de las partes que llevarán colores diferentes, repitiendo esto en la base del maque. Primero se aplican los colores más oscuros, sombras, después los más claros, luz.
Los artesanos dejan pasar entre tres y cinco días para aplicar cada color. Para el acabado se pule con una muñeca o trapo de algodón hasta dejar la superficie tersa y, en ocasiones, se agregan algunas gotas de aceite de chía.
Finalmente se aplican las hojas de oro, previamente cortadas.
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