"Acuérdate de Acapulco, María bonita, María del Alma; acuérdate que en la playa, con tus manitas las estrellitas enjuagabas".
- María bonita, canción de Agustín Lara
Las imágenes que evoca la canción de Lara son aquello con lo que se tejen las leyendas y recuerdos de millones de visitantes de todo el mundo que viene en busca de relajamiento y diversión a este centro vacacional de categoría mundial en el Pacifico Mexicano. Pero Juan Rodríguez de Villafuerte, uno de los capitanes de Hernán Cortés que exploró las costas del actual estado de Guerrero, no podía imaginarlo cuando fundó en esta serena bahía del Pacífico, una metrópoli que después sería conocida como la Ciudad de los Reyes, ahora Puerto de Acapulco.
La Nao de China
Antes que las concurridas playas, antes que la vida nocturna de fama mundial y la impresionante infraestructura hotelera, Acapulco fue un importante puerto comercial durante el siglo XVI. Las naves mercantes que partían del Puerto de Manila, en las Filipinas, al Puerto de Acapulco, eran nombrados como el Galeón de Manila o Nao de China. Este viaje de varios meses a través del Océano Pacífico transportando especias, porcelanas, marfiles y otros productos del Oriente era tan difícil que solo se realizaba dos veces al año. La Nao de China anclaba en Acapulco para desembarcar sus mercancías que serian transportadas por tierra. Este comercio trajo prosperidad, pero también la constante amenaza de ataques piratas, y la construcción del Fuerte San Diego, baluarte que defendió durante siglos la bahía. Desde 1986 el Fuerte San Diego sirve como un museo en el que se exhiben colecciones relacionadas con el comercio virreinal.
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